Margarita Kessler avanzó a los Talleres Intensivos de Popstars. Nico Vázquez le comunicó la decisión en la casa de Palermo donde vive con su mamá, en una visita atravesada por el recuerdo de su abuela.

La historia detrás del anuncio
La participante contó que es de Mar del Plata y que primero se mudó sola a Buenos Aires; después se sumaron su mamá y su hermano. Durante la charla mostró el anillo de su abuela, un recuerdo que lleva consigo, y explicó que su número de audición permanece cerca de fotografías familiares.
Cuando Nico confirmó el pase, la mamá de Margarita entregó flores y una carta que había preparado sin conocer el resultado. El mensaje reforzó la conexión con la abuela que la participante acababa de mencionar y convirtió el anuncio en uno de los momentos emotivos de la emisión.
Una noticia celebrada en casa y una prueba mucho más exigente por delante
La llegada de Nico Vázquez a la casa de Palermo reunió dos tiempos de la vida de Margarita. Por un lado estaba la intimidad familiar, representada por las fotografías, el anillo de su abuela y la carta que su mamá había escrito sin saber el resultado. Por otro, la confirmación de que debía volver al programa para afrontar una etapa con entrenamiento, convivencia y evaluaciones grupales.
El pase tuvo un valor especial porque la participante había reorganizado su vida lejos de Mar del Plata. Primero se instaló sola en Buenos Aires y luego su familia volvió a reunirse con ella. La noticia no llegó, entonces, a un escenario neutro: apareció en el lugar donde ese esfuerzo cotidiano y el recuerdo de su abuela formaban parte de la misma historia.
En los Talleres, esa emoción ya no bastaba por sí sola. Margarita debía aprender repertorio con rapidez, adaptarse a voces ajenas y trasladar al canto la experiencia que también había construido como actriz. La visita mostró el apoyo que la acompañaba; la nueva ronda cambió la espera por trabajo concreto.
Las flores y la carta cerraron el anuncio con una imagen familiar, pero el resultado abrió un desafío profesional. Margarita dejó de ser una aspirante pendiente de confirmación y pasó a integrar el grupo que debía demostrar, día tras día, quién podía crecer dentro de la futura banda.
El anillo de su abuela quedó como un amuleto íntimo, no como una explicación del pase. Lo que la llevaba a Talleres era la decisión del jurado después de las etapas anteriores. Ese contraste hizo valioso el anuncio: la familia podía celebrar y recordar, mientras Margarita recibía una oportunidad que tendría que sostener con preparación propia.
Su experiencia frente a cámara podía ayudarla a administrar la exposición, aunque los tríos exigían otra clase de escucha. Ya no alcanzaba con construir un personaje o una escena individual: debía reaccionar a cambios de tono, respiración y energía producidos por sus compañeras en tiempo real.
Al cierre del programa 21, Margarita ya no figuraba entre las 25 participantes vigentes. El anuncio en su casa fue el último resultado individual publicado con su nombre; las emisiones disponibles no mostraron el momento preciso en que terminó su recorrido.