Después de formar diez tríos, las participantes descubrieron la segunda parte de la consigna: una integrante de cada grupo debía correr hacia una selección de vinilos, elegir un sobre y revelar la canción que prepararían.

Velocidad para elegir, trabajo para resolver
La carrera aportó azar al reparto del repertorio. Una vez abierto el sobre, cada grupo quedó obligado a adaptarse al tema recibido y a tomar decisiones rápidas sobre entradas, armonías, movimiento y puesta.
La dinámica vuelve a poner el foco en el objetivo central del formato: evaluar si las participantes pueden construir una actuación colectiva bajo presión y con poco margen para elegir condiciones ideales.
Qué definía el sobre y qué quedaba pendiente
La elección del vinilo determinaba la canción para todo el trío, no un puntaje ni un resultado anticipado. Aunque una sola integrante corría hasta los sobres, las tres debían hacerse cargo del repertorio recibido. La consigna separaba así dos decisiones: las concursantes elegían con quiénes trabajar, pero no podían escoger el tema que mejor se adaptara a sus voces.
Ese componente de azar obligaba a resolver el material después de conocerlo. La distribución de estrofas, las entradas y las armonías pasaban a ser parte del trabajo del equipo. El clip de esta etapa explica la mecánica, pero no publica por sí mismo la lista completa de canciones ni el veredicto de las 30 participantes.
Los temas que podían verse entre los vinilos
En la selección preparada para el desafío aparecían canciones como “Llega la noche”, “Boomerang”, “Miénteme” y “Rolling in the Deep”. Son temas de estilos y exigencias diferentes, desde repertorio ligado a la historia de Popstars hasta pop contemporáneo y una canción de gran demanda vocal.
Los vinilos mostraban el repertorio disponible, aunque en ese momento todavía no revelaban qué grupo recibiría cada tema. Más tarde se conocieron actuaciones con “Llega la noche”, “Rolling in the Deep” y “Boomerang”, tres canciones que exigían energías y recursos vocales muy distintos.
Después de abrir el sobre, los tríos dispusieron de una hora de ensayo con el acompañamiento de Analía González y Vir Módica. Ese era el tiempo disponible para transformar una elección al azar en una presentación con partes, armonías y puesta propias.
Los resultados se informan por separado
Las reacciones durante una actuación no definían la clasificación. El jurado comunicó las decisiones en otro momento y de manera individual, incluso cuando tres artistas habían compartido la misma presentación. El entusiasmo o la preocupación de una devolución podían anticipar el clima, pero no reemplazaban el veredicto.
El primer resultado individual publicado después de esta prueba fue la eliminación de Constanza Colonhoun y los pases de Celeste y Micaela.
El azar repartió canciones, no responsabilidades
La carrera hasta los vinilos introdujo un instante lúdico, pero sus consecuencias duraban todo el ensayo. Quien elegía el sobre no podía saber si la canción favorecería el registro de sus compañeras, si exigía una potencia que el trío no tenía o si obligaría a cambiar la forma habitual de frasear. El grupo entero debía hacerse cargo de esa elección a ciegas.
Allí aparecía una habilidad decisiva para cualquier banda: adaptar un arreglo al material humano disponible. Las participantes no podían cambiar de compañeras ni pedir otro repertorio. Tenían que reconocer rápidamente las fortalezas de cada voz, distribuir el protagonismo y llegar al escenario con una versión que pareciera elegida, aunque hubiera nacido del azar.